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Javier Flores

Un reporte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicado el martes pasado muestra uno de los peores rostros de la naturaleza humana: organizaciones y personas que lucran con la venta de medicamentos falsos que son enviados principalmente a las naciones más pobres del planeta, con lo que, además del engaño que esto representa, producen la prolongación y agravamiento de enfermedades y, como muestran diversos casos documentados por el organismo internacional, pueden provocar la muerte.

El reporte señala que desde 2013 la OMS ha recibido alrededor de mil 500 reportes sobre medicinas apócrifas y estima que uno de cada 10 medicamentos en los países en desarrollo son falsos o de calidad inferior. El organismo internacional clasifica a estas drogas médicas de la siguiente manera: productos de baja calidad: están autorizados, pero no cumplen con su calidad, estándares o especificaciones; productos no registrados: no cuentan con licencia; productos que no han sido evaluados y aprobados por la autoridad nacional o regional reguladora; productos falsificados: tergiversan deliberada y fraudulentamente su identidad, composición o fuente.

Las drogas que principalmente caen dentro de estas categorías son contra enfermedades como la malaria, cuya mayor incidencia ocurre en las naciones pobres; le siguen los antibióticos, analgésicos y anestésicos; los relacionados con el estilo de vida (cosméticos, disfunción eréctil, reducción de peso y para aumento de la masa muscular); medicamentos contra el cáncer; para el tratamiento de enfermedades cardiovasculares, salud mental; para tratar el VIH-sida y la hepatitis; contraceptivos y para tratamiento de infertilidad; vacunas, y contra la diabetes.

Entre las consecuencias de esta práctica criminal la OMS señala que: a) ponen en peligro la salud, prolongan la enfermedad e incluso provocan la muerte; b) promueven la resistencia a los antimicrobianos y la propagación de las infecciones resistentes a los medicamentos; c) socavan la confianza en los profesionales y los sistemas de salud; d) crean desconfianza sobre la efectividad de las vacunas y los medicamentos; e) consumen los presupuestos limitados de las familias y los sistemas de salud; f) proporcionan ingresos a las redes criminales. El organismo mundial advierte que a menos que se tomen medidas para prevenir, detectar y responder a la propagación de estos productos, esos factores amenazan el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

El reporte de la OMS sugiere que se trata de una actividad criminal multinacional: La fabricación de productos falsificados es una actividad global y compleja. Se han descubierto en todos los continentes centros de producción vinculados a la generación clandestina de falsificado de medicamentos y vacunas.

Las drogas se distribuyen principalmente en naciones de medianos y bajos ingresos, en África, 42 por ciento, en la región de las Américas 21 por ciento, y Europa 21 por ciento. En algunas naciones como México se han adoptado medidas contra esta actividad criminal con decomisos importantes. La Secretaría de Salud se mantiene alerta, pero es muy difícil evitar este comercio ilegal de drogas, pues está sustentado en la pobreza.

Hace pocos días fui a una farmacia a comprar unos medicamentos y junto a mí un hombre de edad avanzada llamaba por teléfono desesperado a alguien de su familia, para decirle en voz muy alta que el medicamento que necesitaban estaba carísimo, costaba más de 500 pesos; me sentí fatal porque la medicina que yo requería me había costado más de mil pesos.

El precio de los fármacos en nuestro país, cuya ventaja competitiva en el mundo son los bajos salarios, es escandaloso, y pronto habrá una crisis de dimensiones incalculables. Las instituciones de salud tienen cada vez menos capacidad de proporcionar las medicinas que necesitan los derechohabientes. Los productos genéricos pueden ser de buena calidad, pero atienden las enfermedades con un conocimiento de hace 20 años. La pobreza es el sustento de el comercio ilegal de medicinas falsificadas.

Este es un gran problema nacional que debe enfrentarse con el concurso de la ciencia para la creación local de fármacos y vacunas. Estamos atrapados entre el abuso de las grandes compañías farmacéuticas y los medicamentos falsos. Es necesario fortalecer la investigación científica en esta área en nuestro país… A ver si el próximo gobierno, ahora sí, lo entiende.

Jose María Carmona

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