Luis Hernández Navarro

“Me llama la atención que a unos días de la elección la CNTE reinicie sus movilizaciones cuando estamos a un paso de acceder al gobierno”, escribió en un tuit un candidato a diputado por Morena en Ciudad de México, usualmente proclive a la confrontación social.

Se trata de fuego amigo, asegura un investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Y concluye: la postura de la CNTE podría tener costo en una franja de ­indecisos.

¿Por qué no hacen su paro dos semanas después de las elecciones?, expresa en privado un escritor dirigente de Morena, siempre solidario con las luchas magisteriales. Y añade: ¿qué incentivos tiene el actual gobierno para solucionar sus demandas? No son los únicos. Otros más acusan a la coordinadora de hacerle el trabajo sucio al PRI para desprestigiar a López Obrador y bajarle puntos. Le demandan que espere a que él sea el nuevo presidente y pedirle que escuche sus demandas.

Lo relevante de estas opiniones es que no provienen de los tradicionales enemigos de la CNTE, sino de quienes (al menos en parte) la han apoyado en otros momentos. Su crítica no tiene que ver con una valoración negativa de las demandas magisteriales, sino con que los profesores democráticos escogieron para movilizarse un calendario que –desde su perspectiva– puede dañar la intención de voto en favor de AMLO.

Curiosa ironía. Denuncian el supuesto daño que las protestas pueden acarrear a su candidato, pe­ro, simultáneamente, asegu­ran que su triunfo es ya irreversible, además de que este arroz ya se coció.

Asumen, equivocadamente, que existe una alianza entre la coordinadora y el candidato presidencial de Juntos Haremos Historia. O que debería haberla porque López Obrador ofreció dar marcha atrás a la reforma educativa, enviando al Congreso un nuevo proyecto de la Ley del Servicio Profesional Docente, eliminando la evaluación punitiva.

Pero no es así. Esa alianza no existe. La CNTE no apoya a ningún candidato o partido, aunque sus integrantes lo hagan en lo individual. Más aún, en su manifiesto a la nación del pasado 9 de febrero, señaló que no existe el proyecto de izquierda; no hay una propuesta de nueva nación; lo que hay es más de lo mismo. Hay alianzas de candidatos con empresarios y delincuentes; una migración de políticos de un partido a otro sin respetar sus propias características ideológicas.

Y, López Obrador, supone –así se lo dijo a Arturo Cano y a Alma Muñoz en entrevista con este diario– que la mayoría de maestros están con él, y sus dirigentes (la CNTE incluida) están rebasados porque las bases están decididas a apoyarnos.

El paro nacional del magisterio, iniciado en Oaxaca el 28 de mayo y en el resto del país el 4 de junio, es la demostración práctica de que, independientemente de por quién vayan a votar los docentes de la coordinadora, su dirección no está rebasada. La CNTE es una fuerza autónoma e independiente no sólo del Estado, sino del conjunto de los partidos políticos y los candidatos. Y no va a aguardar el triunfo de nadie para movilizarse.

Dentro de las filas de la coordinadora se ve con preocupación la alianza que AMLO ha pactado con Elba Esther Gordillo. Una alianza inocultable y evidente por medio de las Redes Sociales Progresistas, di­rigidas por Fernando González (yerno y operador de la maestra), y de los movimientos magisteriales de base, conducidos por el ex líder el SNTE Tomás Vázquez Vigil, acti­vos en entidades como Sonora y ­Ta­maulipas. Sus frutos están a la vista.

Esta alianza mete de nuevo a Elba Esther en la disputa por la conducción del sindicato magisterial. Más: la coloca también en un lugar privilegiado en la construcción de un nuevo pacto corporativo, junto a viejos líderes sindicales de otros gremios y de organizaciones campesinas que revivirán con el nuevo gobierno.

Tampoco inspira mucha confianza a los maestros democráticos, el anuncio de que el futuro secretario de Educación Pública de López Obrador será Esteban Moctezuma. El presidente de la Fundación Azteca ha sido, desde los tiempos en que fungía como oficial mayor de la SEP en tiempos de Ernesto Zedillo, aliado y uno de los políticos favoritos de Elba Esther.

La CNTE termina el sexenio de Enrique Peña Nieto como lo inició: resistiendo las reformas neoliberales. Tiene demandas legítimas, entre ellas, la reinstalación de 585 maestros injustamente despedidos. Su lucha no busca apoyar o perjudicar a algún candidato. Es independiente de ellos. Y es, además, un mensaje de que, sea cual fuere el resultado final de las elecciones, el futuro gobierno tendrá que sentarse a negociar con ella.

Jose María Carmona

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